Cuando nació mi primera hija, tenía muchas dudas acerca de muchas cosas. Éramos padres primerizos y, aunque leímos muchos libros sobre crianza, lo cierto es que estábamos algo perdidos… Pero hay cosas, que no necesitas leer ni que nadie te explique. Hay decisiones que las tomas simplemente siguiendo tu instinto, porque algo en tu interior te dice que es así como se se hace. En mi caso, una de esas cosas fue el colecho.

Los primeros 3 meses de Martina se los pasó a medias entre la minicuna y nuestra cama. Aunque para ser sinceros, la mayor parte del tiempo se lo pasó en mis brazos o en los de su papá. Era una bebé muy delgadita y muy despierta. En todo momento buscaba el contacto físico. A veces, sólo con agarrarla de la mano, ya se calmaba.

Para las tomas nocturnas, la pasaba a nuestra cama y ya se dormía allí hasta la siguiente toma, de manera que pronto dejó de usar la minicuna y pasó a dormir el 100% del tiempo en con nosotros. Y fue fantástico.

Cuando muchos amigos nuestros se quejaban de que se tenían que levantar en mitad de la noche varias veces a a tender a su bebé porque se despertaba y lloraba, nosotros dormíamos muy bien. Martina muy rara vez lloraba durante la noche, pues no tenía motivos. Si quería teta, allí estaba yo y si quería abrazos, allí estábamos su papá y su mamá. ¡¿Qué mas podía pedir?!

Cuando contábamos nuestra experiencia a la gente, no faltaban voces de reprobación: “Así nunca va a aprender a dormir sola… No le estáis haciendo bien… Los niños tienen que aprender a dormir en su habitación… Vais a criarla muy dependiente de vosotros…No vais a poder sacarla de vuestra cama hasta los 18 años…”.

Al principio nos hicieron dudar y plantearnos sacarla de la habitación. Pero la veíamos tan feliz allí… Dormíamos todos tan a gusto… que el tiempo pasó y nunca mas nos planteamos sacarla de nuestra cama.

Cuando tenía poco mas de 2 años y empezó a moverse demasiado, compramos una camita de 160×70 de Ikea y la pusimos junto a la nuestra. Completamente pegada, como una extensión de la nuestra. Le dijimos que le habíamos comprado una “cama de mayores”, y la decoramos con sábanas de dibujos y mil peluches. Estaba encantada con su nueva cama. De madrugada, si se despertaba porque tenía tos o simplemente porque había tenido un sueño, alargaba la mano y cuando encontraba la mía, se volvía a dormir. En casos mas graves, saltaba por encima de mí y se acurrucaba entre papá y mamá y se volvía a dormir.

Cuando nació su hermana Cayetana, Martina tenía 18 meses. Cayetana fue un bebé completamente diferente. Siempre durmió en su cuna. Cuando le daba el pecho, al terminar, no acababa de acoplarse bien y dormía mejor en su cuna (y en su carro… durmió mil noches en el carro, pero esto da para otro post…). Nunca necesitó de ese contacto físico para sentirse segura. Era feliz durmiendo solita. El caso es que a principios de septiembre, al volver del verano para empezar el cole por primera vez para Martina (ya con 3 añitos), estaba yo arreglando la habitación y la cuna de Cayetana cuando Martina se acercó y me preguntó “¿para quién es esa cunita tan bonita?  Para tu hermana” – le dije. Y me respondió que ella también quería una cuna bonita.

Antes de continuar, comentar que habíamos pasado el verano en otra casa y Cayetana había dormido en una cuna de viaje, que no era tan bonita como la que tenemos en casa. Aquel era el primer día que dormíamos de nuevo en casa.

El caso es que en la habitación de Cayetana había una cuna y una cama. En un primer momento le dije que sí que, si quería, podía dormir en la cuna de Cayetana. Pero rápidamente, me puse a preparar la cama con sábanas de dibujos, peluches, cuentos.. ¡un sueño! Y cuando vio la cama, preguntó que quién iba a dormir en la cama, con lo que le respondí que su hermana dormiría allí. Rápidamente cambió de opinión y se pidió la cama para ella y la cuna para Cayetana. Y desde entonces, ha dejado de dormir en nuestra habitación y hasta hemos quitado la camita de la nuestra.

Con este post quiero decir que no se cumplió ninguno de los malos presagios que nos dieron… Martina es una niña super independiente. Su frase favorita es “yo solita”. No se ha quedado a dormir con nosotros hasta los 18 años, ni siquiera hemos tenido que insistirle en irse. Se fue cuando estuvo preparada. Voluntariamente. Duerme muy bien. Si se despierta, sencillamente se baja de la cama y nos viene a avisar de que se ha despertado, sin llantos.

El colecho no es solo una cuestión de dormir o no con tu hijo en la misma cama o habitación. Hay numerosos estudios que hablan de los beneficios a nivel neuronal para el bebe. Simplemente un dato: en países como China, donde el colecho es lo habitual, la muerte súbita es algo sobre lo que ni siquiera hay estadísticas.

Cada niño es diferente. Para Martina habría sido un trauma tratar de hacerla dormir sola mientras que Cayetana nunca fue demasiado consciente del tema, pues dormía  estupendamente sola o acompañada.

De nuestra experiencia con el colecho, sólo puedo subrayar un punto negativo: y es que ¡nos dio mucha pena que se fuera a dormir a otra habitación! Ya nos habíamos acostumbrado a tenerla allí cerquita y ¡la echamos de menos!

Os dejo aquí un video que expresa a la perfección el tema del Colecho.

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